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Ermita del Rosario

Orígenes

Tras la llegada de los dominicos a Orihuela el 7 de septiembre de 1510 donde establecieron convento, expandieron la devoción al rezo del Santo Rosario en esta ciudad y en toda la Comarca de la Vega Baja. Así pues conocemos de 1559  un listado de más de un centenar de cofrades callosinos que levantaron una ermita a instancias dominicas que aparece concluida hacia  1569.

Esta Ermita adquirió su aspecto actual barroco tras diversas obras emprendidas en 1695 y concluidas en 1740, en el Obispado de D. Juan Elías Gómez de Terán.

EXTERIOR

El esbelto edificio de la Ermita de Nuestra Señora del Rosario presenta tres de sus fachadas exentas y se halla unido a un edificio civil contemporáneo del S.XVIII con excelente balconada de forja y sillares en sus esquinas, entre otras singularidades, que nos ofrece un conjunto concordante en el tiempo de arquitectura civil y religiosa.

Su airosa fachada principal, retranqueada con respecto a esta casa, genera una pequeña plaza que permite contemplar su perfil mixtilíneo propio del barroco del siglo XVII.

La fachada lateral presenta los contrafuertes entre capillas y nos permite apreciar los materiales constructivos en una pared de mampostería, sillares en la parte baja de las esquinas y bellos remates de ladrillos de barro cocido en las esquinas superiores y recercado de las ventanas.

La fachada trasera nos permite apreciar un magnífico juego de volúmenes arquitectónicos entre  la cabecera del templo con una gran cúpula de teja redonda azul, al igual que la del cupulín sobre el camarín cilíndrico, así como las vertientes de los tejados a distintas alturas.

INTERIOR

Su arquitectura

La Ermita es un templo muy capaz que, más bien, corresponde al de una pequeña iglesia parroquial con unas dimensiones en planta de unos 350 m². Su disposición estructural es propia del siglo XVIII, es decir, planta barroca rectangular de cruz latina cubierta con bóveda de medio cañón recto, con lunetos entre los arcos fajones que le dan rigidez, cuatro capillas (dos a cada lado) entre los contrafuertes que verticalizan las cargas y una gran cúpula octogonal sobre tambor y pechinas sobre el crucero.

Su decoración mural pictórica

Las obras de restauración sacaron al descubierto, bajo capas de enlucido y pintura, un rico programa ornamental decorativo de gran calidad técnico-artística propio de la estética del barroco tardío del que se han rescatado diversas muestras decorativas de pintura azulada  en el templo y en una capilla, así como otros restos de pintura de un retablo fingido y otro enmarcado en otras capillas, destacando con plata corlada la zona del altar mayor, así mismo el enmarcado pictórico verde oscuro de las capillas.

Las pinturas murales del Camarín

Dada su unidad e importancia dedicamos capítulo aparte a ellas. Su simbología representa un conjunto de alabanzas a la Virgen María, bajo la advocación del Rosario, cuyos textos e imágenes están entresacados de libros bíblicos tan conocidos como el Cantar de los Cantares, el Eclesiástico o los Proverbios.

El Camarín de la Virgen es una construcción cilíndrica con un hueco o acceso de entrada y otro de salida, hoy anulada, así como la gran bocana que da al templo. Las pinturas representan una arquitectura fingida que pretenden dar el aspecto de un habitáculo octogonal al recinto cilíndrico. En la parte alta del tambor hay cuatro ventanas, una de ellas fingida, entre las que hay blasones rococós con alegorías marianas (árboles, flores, anagrama, etc.). Por debajo de esto una cornisa fingida con dentículos y un friso con guirnaldas con hojas y flores con 15 anillas representando los Misterios del Rosario. El cuerpo inferior lleva una serie de pilastras con hojas de acanto  que aparentan apoyar todo el cuerpo superior y que flanquean una especie de portadas sobre una ménsula que contienen  temas simbólicos marianos (una nave, la torre, un jardín, un árbol…) y sobre ellos una cartela con un texto alusivo en latín. En el arco que da al templo hay una pictografía alusiva a la Virgen del Rosario como un anagrama con rosas, el sol y la luna, un rosal y una azucena.

Cripta y pasadizos

El templo presenta la particularidad de tener una cripta en el crucero con una lápida fechada en 1789 a la que se le ha dejado visto con un cristal la bajada y enterramientos. Asimismo, bajo el camarín hay un pasadizo que comunica, de lado a lado, con pequeños arcos y bóvedas curvas y, bajo éste, existe otro pasadizo que se ha dejado visto con cristal, que es el que comunicaba la desaparecida casita del ermitaño con el interior del templo.

La campana gótica

El edificio actual mantuvo siempre la campana de la primera ermita, de fundación dominica, a mitad del S. XVI. esta pieza, catalogada como Bien Cultural por la Generalitat, nos ofrece, en una de sus caras, una cruz de puntas de diamante y, en la posterior, un interesante sello en relieve, muy desgastado, prueba de su origen dominico, en el que se ven imágenes de una Virgen, con un niño tomado, entregando el Rosario a Santo Domingo. Rodeando todo ello, un texto con bellas letras góticas.

Pinturas o medallones pictóricos del siglo XVIII sobre tabla

El tempo exhibe, bajo sus cornisas, una excelente colección de medallones circulares, fechados en 1750, procedentes de la Iglesia del desaparecido Convento de Frailes Alcantarinos de nuestra ciudad (1978), también restaurados por la Generalitat. En ellos se representan a Cristo Rey, Virgen con Niño, los cuatro evangelistas, los cuatro padres de la Iglesia; San Roque, una serie de Santos próximos a la Orden Franciscana, complementados con una gran cartela de las pinturas, fechada en 1750.

Otros elementos artísticos

El templo desarrollará un plan iconográfico previsto en torno a los Misterios del Rosario, por lo cual este templo enriquecerá, sucesivamente, su patrimonio con imágenes, pinturas, etc., de distinta época.

Centro Documental Comarcal Auroro

El edificio es la Sede Canónica de la Archicofradía del Santo Rosario de la Aurora, aunque fundada en 1689, ya los albergaba desde el siglo XVI. Desde aquí sale, cada primer domingo de mes, siglo tras siglo, el grupo de auroros que lo hacen de madrugada y va por la calle rezando el Rosario y cantando las antiguas coplas de auroros del siglo XVIII, hasta la llegada de la aurora o amanecer en que se celebra la Santa Misa de la Aurora cantada por ellos. Es el único grupo de la vega que sale todos los meses; el resto sólo lo hace en torno al mes de octubre.

En el templo, cuna de los encuentros comarcales de grupos de auroros, se ofrecerá una visión museográfica, breve, del movimiento auroro, tanto en su dimensión local como comarcal, así como la muestra de sus elementos más significativos: farol, campana, estandarte, instrumentos, etc.

 

 

 

Ubicación en el mapa

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